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Video Columna: No pagar arriendo puede ser una buena idea

Sebastián es el nombre ficticio que doy al personaje de esta historia de la vida real. Empresario inmobiliario y propietario de locales dedicados al sector de servicios, incluyendo cafés, restaurantes y gimnasios. Uno de tantos a quienes les cayó la roya en este difícil 2020. Sus proyecciones y expectativas financieras se esfumaron de la noche a la mañana al quedar sus inquilinos sin capacidad de pagar los arriendos, como consecuencia de la precipitada cuarentena.

Vale la pena contar que el héroe de este relato es amigo de largos años y emprendedor exitoso que ha construido su patrimonio gracias a la amalgama entre visión empresarial y disciplina de largo plazo. Siempre abierto a la innovación, pero sintiéndose más convocado por las apuestas que generan crecimiento sostenido, que por ganancias instantáneas derivadas de inversiones fugaces. Predicador del concepto de que la riqueza se construye con paciencia y dedicación.

Basado en dicha filosofía y en conjunto con sus socios, se logró concebir un mecanismo que tiene tanto de innovador como de sentido común. Bajo el principio de que entre todos somos más fuertes para enfrentar las crisis y entendiendo que si todos ponemos, todos ganamos; evitó que sus inquilinos, ahora sin ingresos, se vieran forzados a entregarle los locales, con lo que perderían su reconocimiento geográfico y toda inversión que hubiesen hecho de adecuación de infraestructura.

Su simple e inteligente oferta fue la siguiente: mientras no tenga ingresos, no me pague el arriendo. Y cuando su negocio abra de nuevo, me empieza a pagar la deuda, sin intereses y utilizando una amortización a varios años, acorde con la capacidad de caja del negocio. Todos sus arrendatarios le dijeron que sí.

Con este trato entre manos, Sebastián se sentó con los bancos que le cofinanciaron la compra de sus locales para lograr una transacción equivalente: ahora no me pida que le pague la cuota del leasing, dado que no tengo entradas de esos establecimientos. Mejor acordemos una refinanciación, según las amortizaciones pactadas con mis arrendatarios. Los bancos también le dijeron que sí.

Dejo por fuera algunos detalles contractuales, así como lo relativo a garantías y pagarés que hacen parte de estos acuerdos, para destacar lo realmente importante: la audacia de creer en los demás es una efectiva estrategia de negocios. Más aún, este relato es evidencia de que el desenlace ideal puede lograrse por medio de confianza y colaboración.

Lo anterior sumado a que el mecanismo en mención ayudó a proteger la estabilidad laboral en medio de la peor crisis económica de la historia, y en un sector esencial para los objetivos de calidad del empleo. Según la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica, en el año 2019 bares y restaurantes generaron 500.000 empleos directos y más de un millón de plazas indirectas.

Infortunadamente, otro ha sido el epílogo para quienes apostaron a lo contrario. El inquilino que no perdió recursos, pero se amparó en los decretos de emergencia para chantajear al propietario. El dueño de establecimiento que exigió pagos completos sin importar el flujo de caja de su arrendatario en tiempos de pandemia. El gerente de banco ajeno al concepto de valor del tiempo de vida del cliente. Todos estos casos fueron juegos de suma cero, en los que perdieron todos los involucrados.

Qué gran historia la de Sebastián y qué bueno su ejemplo para el empresariado nacional. Qué buenos los emprendedores que hacen patria, generando crecimiento económico y oportunidades para todos. Y muy oportuno que, en tiempos de populismo y desinformación, se pueda seguir demostrando que la generación de utilidades corporativas puede ser armónica con el interés común.