Eduardo Behrentz

Propósitos de año nuevo para el bien común: pequeñas revoluciones

Al tradicional ritual de plantearnos las metas y propósitos personales cuando llega el año nuevo, se me ocurre que este año, uno particularmente especial para la reconciliación y el inicio de una nueva etapa de la vida nacional, vale la pena aterrizar los propósitos de año nuevo a nivel de ciudad que sumen al gran anhelo de lograr el bien común. Como bogotano y estudioso de la capital, y entendiendo que nos esperan tiempos complejos en los que debemos procurar actuar con grandeza, quisiera sugerir a los lectores un listado de actores y metas que, con la única pretensión de aportar al debate, considero que podrían contribuir positivamente al cambio que todos queremos.

Empresarios: que en las actividades de consecución de buenos negocios y aumento de capital privado se logre también la generación de bienestar y calidad de vida para sus empleados, así como para sus clientes y usuarios.

Servidores del Distrito: que las decisiones que impliquen inversión de recursos estén acompañadas de cuidadosos análisis en aras de hacer el gasto público eficiente. Que dichos análisis tengan siempre presente que los impuestos pagados por los ciudadanos son de carácter sagrado.

Concejales: que su fuerza motriz sea el honor de servir a sus constituyentes y su único cálculo, la forma de promover  la abundancia y prosperidad real entre los bogotanos. El apetito clientelista y los intereses particulares son incompatibles con el desarrollo y el bien común.

Gremios: ustedes cumplen una función social y no pueden olvidarlo. Que sea este el año en el que logren armonizar su legítima búsqueda gremial con el bienestar colectivo de ocho millones de habitantes que así lo necesitan.

Académicos e investigadores: Bogotá necesita contar con ustedes. Su conocimiento técnico y opiniones independientes son necesarios para nuestro progreso. Estando en capacidad de contribuir, es un deber moral hacerlo.

Periodistas, líderes de opinión e influenciadores de redes: la responsabilidad ética de difundir información veraz y verificada nos cabe a todos. El buen desempeño de nuestra democracia depende, en parte, de la calidad y altura del debate público que seamos capaces de sostener.

Actores de la movilidad: que vuelva la cultura ciudadana y el civismo. Que el conductor del carro particular y el ciclista den el paso al peatón. Que los conductores de servicio público entiendan la responsabilidad social e integridad de cientos de personas que transportan a diario. Que los motociclistas eleven su conciencia sobre su propio cuidado y que los peatones (que somos todos) respetemos y hagamos respetar las normas.

Ciudadanos: apostémosle en el 2017 a alguna causa filantrópica en la que se logre el bien común para la ciudad, aportando el tiempo o dinero que podamos. No hay donación pequeña ni mejor forma de fortalecer nuestra sociedad que a través de la promoción del sentido de solidaridad y reciprocidad.

Y un mensaje final a las familias, el núcleo en el que se teje una violencia madre de tantas otras: la intrafamiliar. Resolvamos los conflictos por las buenas, a través del diálogo y la convivencia pacífica. La paz que buscamos se inicia en casa y la sociedad a la que pertenecemos es reflejo de lo que ocurre en nuestros hogares.

Que el 2017 sea entonces el año de las pequeñas revoluciones en donde cada uno de nosotros haga lo que le corresponde. Si todos ponemos, todos ganamos para el bien común.

Publicado en El Tiempo.com

Eduardo Behrentz